
hay un poema roto
un pan arrojado al precipicio
el olor de las maderas desclavadas
navegando en la deriva
o el recuerdo del agua encerrada
en la costumbre de tus ojos
un cuaderno de plegarias inconclusas
y las palabras que el aire reúne
donde se refugia intacto
el lenguaje de tu aroma
Ese alfabeto mínimo
último umbral
de esta piedad
que aún mendigo