mayo 24, 2010

Ana Emilia Lahitte - El poema























Amo el dios certero
que me devora y calla
cuando pienso


Un ritual obsesivo
acecha mis palabras
¿Seré yo quien las mata?

Inmediatez de lo indescifrable
el poema
Lejanía de sí mismo
el poema
silencio del silencio de los astros
riqueza de quien nunca llegará a pronunciarlo

El pulso del poema
se hace cargo de una preñez absorta
que nadie ha fecundado todavía

El poeta asume con gozosa ignorancia
la herida profecía
de ser su propia presa

No le basta al poeta vislumbrar la escritura
huyente del poema
perdiéndose en la oscuridad
exige el poema
o la oscuridad

Batallar del poema
roer hueso por hueso
hasta morir de hambre de universo

Como un vino de carne bello y oscuro
nos invade el poema
indefensos desnudos azorados
latimos en un pulso
que entreabre silencios
y dejamos de ser criaturas fugaces
la soledad se entrega

Con un fulgor de parto
o de suicidio
se abre la noche
el nombre del poema
ha sido escrito

Solemos olvidar que la poesía es un instante
sabiamente clausurado
antes de que aprendamos a pronunciar
la eternidad

A la poesía y a la muerte
hay que merecerlas





.

Juan L. Ortíz - Ella


















Ella anuda hilos entre los hombres
y lleva de aquí para allá la mariposa profunda
ala del paisaje
y del alma de un país con su polen

Ella hace sensible el clima de los días
con su color y su perfume
a su pesar
muchas veces
como bajo un destino

Testimonio involuntario, ella
de un cierto estado de espíritu
de un cierto estado de las cosas
en que la circunstancia da su hálito

Pero se dirige siempre a un testigo invisible
jugando naturalmente con la tierra y el ángel
el infinito a su lado y el presente en el confín

Más es el don absoluto
y la ternura
ella que es también el término supremo
y la última esencia
con las melodías de los sentidos
y los símbolos y las visiones y los latidos
para el encuentro en los abismos

Mas tiene cargo de almas
y es la comunicación el traspasado ser
"como se da una flor"
en el nivel de los niños
más allá de sí misma
en el olvido puro de ella misma

Y no busca nunca
no
ella espera, desnuda
con la lámpara en la mano
en el centro mismo de la noche










.

Jorge Luis Borges - Amorosa anticipación



 

 

 

 

 

 

 

 

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta 
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito de niña
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios 
serán favor tan misterioso 
como mirar tu sueño implicado 
en la vigilia de mis brazos

 
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige
me darás esa orilla de tu vida que tu misma no tienes

 

Arrojado a quietud
divisaré esa playa última de tu ser 
y te veré, por vez primera, quizá
como Dios ha de verte
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí