
El poema que doy
el que callo
el que inútilmente construyo
vano esfuerzo de explicar nada
como si una palabra tan solo
pudiera rozar el misterio
que otro ser despierta
En un cuerpo de mujer cabe el mundo
insondable suavidad
piel derramada en la espesura de la hora
Sagrado territorio
o fruta hecha de aire
guitarra dormida
a la orilla del deseo
Cuerpo cercano
devora estas palabras
que el viento repite
y el agua olvida
palabras navegantes del asombro
delicia que desgarra el instante
Todo es tiempo y fluye
hacia la hoguera que disuelve los sabores
en el peregrino viaje de la boca
por la piel
La palabra abstrae su sentido
y el lenguaje cae derrotado
solo un abismo nos espera
en un cuerpo de mujer cabe la vida